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Efraín del Castillo

Durante los últimos años, los mexicanos hemos visto y padecido situaciones que jamás imaginamos. Después de haber retomado una cierta serenidad en materia económica, las cosas adquirieron un rumbo totalmente incierto y miles de familias tuvieron que padecer los estragos de la crisis mundial del capitalismo, la cual se agudiza en México por la implantación de políticas antipopulares que obedecen a intereses distintos a los nuestros. En lo sanitario, enfermedades como el Sida, el Dengue y últimamente, la Influenza, sin olvidar padecimientos como el Cáncer, la Diabetes y los problemas cardiovasculares, han perturbado a la sociedad. En el tema de seguridad, la lucha que libran los grupos criminales y el gobierno, se lleva de por medio a miles de inocentes que nada tienen que ver y modifica los patrones de convivencia social. En el aspecto cultural, nuevas formas de expresión de las costumbres, las tradiciones y el arte han venido a remplazar los esquemas que por siglos fueron parte de nuestra identidad.

Tomando para reflexionar el tema sanitario y en especial el de la Influenza, es de pensarse el contenido de una serie de materiales que están circulando profusamente en cuanto a las verdaderas motivaciones de los gobiernos de los países capitalistas y de ciertos grupos de interés que están inmersos en el asunto. Existe hoy más que nunca una serie de contradicciones acerca de la enfermedad. Todo lo que nos dijeron allá por el mes de abril y lo que ahora nos vuelven a señalar, tiene una serie de contradicciones particularmente en torno a la vacuna, al medicamento, a las medidas de prevención y a las posibles consecuencias.

Muchas cosas nunca las sabremos con precisión, sobre todo no lo sabrán quienes lamentablemente fallezcan antes de saber si en efecto el Tamiflú tenía o no las propiedades terapéuticas deseadas. Hay muchas dudas acerca de la mezcla de cepas de diversos virus en las vacunas que supuestamente se están preparando y de las cuales estamos ansiosos por aplicarnos. Igualmente, hay tantos rumores acerca del contenido de una sustancia llamada escualeno, que es un aceite que se utiliza como coadyuvante en ciertas vacunas y que se sabe que tiene niveles elevados de toxicidad, por lo cual a mucha gente le surgen dudas de las verdaderas motivaciones de gobiernos e industria en su forma de elaboración. Obviamente, ya hay voces que hablan y advierten de un acto genocida de proporciones incalculables y describen las similitudes que pudiera haber con momentos de la historia que se creían irrepetibles.

El sensacionalismo de los meses de abril y mayo en nuestro país se desvaneció ante la fragilidad de diversos argumentos. Estadísticamente, se dieron tantas contradicciones que virtualmente no se pudo saber cuántas personas habían fallecido a causa del tan llevado y tan traído virus. Lo cierto es que fueron menos que las que mueren anualmente a causa de la gripe común y también menos de las que fallecen cada año víctimas del Dengue, ese mal que cada vez se expande a nuevas áreas y que a pesar de ello sigue ocupando un segundo término en la atención de las autoridades sanitarias. Otros problemas de salud pública como las enfermedades metabólicas, los accidentes y las adicciones cobran una cuota anual de vidas que si bien no han sido ignoradas, jamás han merecido una atención del Estado en su conjunto como se la dieron a la que inicialmente se conoció como Gripe Porcina y que dónde si causó estragos, fue en la actividad porcícola que vio mermadas sus ventas de manera inmediata, sin que a la fecha haya habido el repunte completo.

Ante todo esto, ¿Qué es lo que nos queda por hacer? ¿Cuáles deben ser las medidas que los ciudadanos comunes asuman para prevenir los daños a su integridad física y la de sus familias? ¿Deberemos vacunarnos o no? ¿Deberemos adquirir el Tamiflú o no? ¿Bastará con reforzar nuestro sistema inmunológico con una buena dosis de vitamina C? ¿Habrá que creer en los correos que tienen aterrorizada a la población con supuesta información privilegiada que solamente ellos saben como la obtuvieron?

Ésas y muchas interrogantes más habrán de seguir surgiendo. En tanto, los días y las semanas pasarán. Los efectos posibles también vendrán o no. Ya sabremos quien estaba mintiendo. Sin embargo, no hay que quedarse con los brazos cruzados. Hay medidas que no sólo ante la Influenza, sino ante varios otros padecimientos son de suma utilidad y deben tenerse como normas de prevención. La limpieza periódica de las manos, la toma de vitamínicos para reforzar el sistema inmunológico, la adecuada alimentación, los hábitos para toser o estornudar en forma más reservada o higiénica, son algunas de las acciones que podemos realizar de forma cotidiana y que sirven no para evitar, pero si para reducir los riesgos de contagio y propagación.