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06/11/2009

Efraín del Castillo
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Durante años, los mexicanos hemos padecido todo tipo de agresiones provenientes no sólo del Estado, a través de alzas desmesuradas a los impuestos y derechos –que no son lo mismo- y virtualmente no ha pasado nada, sobre todo porque una inmensa mayoría silente,  conformista y obediente va y paga sin decir nada y sin protestar. Lo mismo ha ocurrido ante los abusos de los bancos y de muchas empresas de todo tipo de servicios, principalmente las telefónicas y las de electricidad, señaladamente la CLyFC. Ni qué decir de los bancos, que a manera de reyes, se dieron el lujo de fijar las condiciones de operación a sus anchas, en una especie de paraíso empresarial que no tenía comparativo a nivel mundial, sin que los árbitros –la Comisión Nacional Bancaria y la CONDUSEF- hicieran nada.

Pero a pesar de los pesares y llegada el agua a los aparejos, la gente está empezando a comprobar la efectividad de expresar su voz, muy a pesar –reitero-, de la opinión del otrora prestigiado Agustín Carstens, quien se ufanaba hace unas semanas de que la gente deseaba pagar más impuestos. Pues bien, la derogación de la tenencia vehicular en algunos estados, empezando por Querétaro, es muestra de que la voz de la gente puede forzar los cambios que este país requiere. ¿Qué tanto influyó el mensaje que dio la vuelta a todo México mostrando la fotografía del anuncio espectacular en el cual Felipe Calderón ofrecía derogar dicho impuesto? ¿Qué tanto valió la pena que miles de ciudadanos tuvieran el valor civil y la disposición para difundir ese mensaje en correos masivos y que muchos otros hiciéramos comentarios editoriales abordando el tema y complementando esa acción? ¿Cuánto influyó el video en el que FCH ofrecía no elevar los impuestos? Hoy, contra la opinión de los escépticos, la tenencia vehicular es un impuesto en proceso de liquidación. Cabe recordar que fue una salida de tipo fiscal que se creó como forma de financiar los Juegos Olímpicos de 1968 y se había establecido de manera temporal. Sin embargo, como la música de conocida radiodifusora capitalina, llegó para quedarse. Sí, porque la desorganización ciudadana lo permitió.

En el caso del servicio telefónico móvil o celular, los abusos sin fin de las compañías concesionarias ya tienen en el límite del hartazgo a los usuarios. Sin embargo, poco hacemos para evitarlo o reducirlo. Contratos leoninos y con letras chiquitas dan respaldo a los abusos que les generan jugosísimas ganancias. La ocurrencia es la divisa fundamental de estas empresas para sangrar desmedidamente a los clientes. Por eso se ha desatado un movimiento nacional para hacer algo en contra de estos abusos. Se ha vuelto a utilizar el internet como vía de difusión masiva de una movilización popular que haga que estas empresas detengan un poco la desmesura de sus abusos. Ya se convocó a una huelga de teléfonos para los días 1 y 2 de este mes de noviembre. Se está convocando de nuevo para los próximos días 8 y 9.

Habrá quienes sigan dudando de estas formas de protesta y movilización. Sin embargo, la multiplicidad de envíos del mensaje de convocatoria por el correo electrónico es muestra fehaciente de que la gente está adquiriendo la conciencia que por lustros no tuvo. Estos envíos múltiples y reiterados están dando pie a que se adquiera una fuerza social que no se había perdido, sino que no se ejercía por efecto de una mediatización derivada de las diversas formas de control de los aparatos del Estado, mismo que servía y sigue sirviendo a los intereses de los poderosos.

Pues sí, ahora el correo electrónico es una vía alterna de la sociedad civil para movilizarse y sobre todo para defenderse de las agresiones que le propinan tanto los gobiernos como las grandes empresas. Mucha de la información relativa a la realidad de la Influenza se difundió a través de este medio. El tema de las bolsas de plástico se hizo del conocimiento masivo a través de correos que formaron conciencia del impacto negativo que estos artículos de uso generalizado tienen sobre el medio ambiente. Leyes fueron promulgadas y prácticas novedosas se implantaron en los grandes comercios a partir de la toma de conciencia social que fue forzada por la expresión de un clamor popular tantas veces acallado.

Otro ejemplo de la efectividad de este mecanismo lo constituye un mensaje masivo que se envió a la Embajada de Canadá respecto a la matanza de animales marinos. A lo mejor no se ha detenido en su totalidad el fenómeno, ni tampoco se ha dejado de emplear el método de hacerlo, pero por lo menos hubo respuesta en tiempo y forma de dicha oficina de representación. Ofreciendo explicaciones basadas en cifras relativas a la tasa de extracción que tienen permitida y al impacto que sobre la población de estas especies tienen previsto. Es posible que algún día se pueda detener este salvaje fenómeno si seguimos movilizándonos.

Por lo pronto, los mexicanos tenemos mucho que hacer en temas como el de la telefonía celular, el de las elevadas tarifas del agua potable en ciudades como Morelia, el cobro de la tenencia vehicular en varios estados del país, los deficientes servicios de salud como los del IMSS, los excesivos cobros de peaje en las carreteras, el uso clientelar de los programas sociales, por sólo citar algunos. Sigamos siendo responsables y sigamos participando cuando las causas sean justas y sirvan para proteger una economía familiar tan deteriorada como la nuestra. Los resultados propios y los de otros países deben servir para robustecer nuestra conciencia y no dejar que se cometan arbitrariedades que ponen en riesgo nuestro viabilidad social.